Menos mal que Eva es mala

Menos mal que Eva es mala

Muchos de vosotros nos preguntáis que porqué eso de Malaeva. Otros incluso se aventuran a decir que es bastante machista. Todo lo contrario, celebrar la maldad de Eva, tal y como nos cuenta el relato bíblico cristiano, es algo que se debería hacer más a menudo. ¿Por qué?

Para todos los que hayáis leído el pasaje del génesis, lectura que recomiendo tanto para las esperas cuando la flora no cumple sus funciones regularmente, como para las patas desiguales de las mesas, sabréis que Eva mordió la manzana y por ello fue expulsada del paraíso. No voy a meterme hoy en lo de que la mujer salió de su costilla, porque todos sabemos de donde c*** salió Adán, ni vamos a hablar de que el paraíso parece más un resort para machirulos que un lugar de convivencia y paz. Eva mordió el fruto prohibido a pesar de las indicaciones de su creador. Entonces, yo, hoy, aquí, cuestiono el papel de este supuesto creador.

Primero de todo, si usted lo ha creado todo, a qué narices va y mete un árbol prohibido, ¿fallo del diseño? ¿pendiente de actualización? No, se ve claramente la necesidad del creador de cumplir sus propios malos presagios. Recuerda a las mamás que sin querer se dejan abierto el potito encima de sus documentos más importantes y luego deja sin vigilancia al bebé. No hace falta ser muy psicoanalíticos para suponer que la madre tiene un cierto deseo subconsciente de que su progenie destruya su trabajo. Pues con el creador igual, pone la tentación para decir, os lo dije, y quedar como el amo.

Hoy vamos a darnos la licencia de llamar al creador como nos salga de las ingles. Sistema, capitalismo, gobiernos, poderes fácticos, papá y mamá… A mí hoy me apetece denominarlo: mundo adulto. Y dentro del mundo adulto que quepan todos los que se sientan parte de la generación más egoísta y destructiva que ha pasado por este planeta y que ha dejado bajo su rastro este escenario de demencia y caos. El mundo adulto cerca los límites de la obediencia y la libertad, conceptos tan dispares como unidos en nuestro tiempo. A la pareja recién creada les dice, pedir y se os dará, todo lo que queráis mientras no toquéis este árbol. Y en este árbol, amigos, está todo por lo que merece vivir en esta tierra. Yo, hoy, aquí, reivindico la necesidad de todo hombre y mujer de tener uno de estos árboles en su casa y comer de él lo que le plazca.

De este árbol se nos ha dicho que Eva cogió una manzana. Pero, ¿y si no es verdad? A lo mejor Eva solo tomó del árbol el empoderamiento sobre su cuerpo, o quizá recogió la libertad de tener un hogar, elegir tu empleo, a tu pareja. O puede, y a esto apuesto yo todas mis cartas, que Eva solo robó la libertad de amar a quien quisiera, sin condiciones. Y aquí es donde se encontró con los límites del mundo adulto, que no soporta la libertad, que no puede convivir con los de abajo creciendo, haciéndose fuertes, empoderándose. El mundo de la corrupción solo quiere corromper y extender los confines de su cáncer, allí donde pueda.

Y de esto, los actores, actrices, dramaturgos o directores, sabemos un rato. Porque la dramaturgia está plagada de ejemplos. Eva es Antígona y lo que coge del árbol es la necesidad de enterrar a su hermano con dignidad y por esto es juzgada y expulsada por un grupo de hombres, que tejieron según sus necesidades, el orden y la ley. Las lamentablemente pobres hermanas de Las criadas, tomaron del árbol la libertad de vestirse a sí mismas, de ser dueñas de sus propios deseos, y por ello fueron castigadas, aunque el verdugo en este caso, fuesen ellas mismas. El mundo adulto en La gaviota, destroza a esos amantes, que solo querían un poquito de afecto y reconocimiento.

El mundo adulto lleva desde el principio de los tiempos, prometiendo todo lo que no puede cumplir. Bajo sus delirios de grandeza, fruto de la falsa sensación de poder, nos promete estabilidad, trabajo, posibilidades, un lugar en el mundo. En definitiva, nos promete la mayor de las mentiras, que un día seremos como ellos. Lo triste, lo negro, lo realmente jodido, es que cuando llegas, te das cuenta de que todo era humo. El poder solo quiere perpetuarse en el poder y no le interesa ser relevado. Señores de más de 70 años dominan los consejos de empresa, las instituciones gubernamentales y por supuesto, el lugar del tatatataranieto del creador, con residencia en Vaticano D.F. Bajo sus leyes, pretenden ahora que resolvamos los conflictos que ellos mismos han creado. En sus sillones, desde sus palcos y yates, contemplan la desolación y gritan: ¡es tiempo de jóvenes, es la hora de los emprendedores!

Y yo pienso en Eva, la primera emprendedora, la primera antisistema y me rio de ti, Albert. Me rio del cambio que no conduce a ninguna reforma, me rio de todas las falsas promesas y de aquellos que se las creen. Los que se niegan a cambiar, los que van en pañales y están compinchados con este mundo adulto, son los niños que se ponían los abrigos de sus papás y les imitaban en las corruptelas.

Hoy, el paraíso parece estar más fuera de su mundo que nunca. Dentro, solo hay paro, desconcierto, guerra y conflicto. Parece, más que nunca, que el pecado de Eva fueron los afectos. Los afectos son revolucionarios. Dejemos de mirar para arriba, como si se fuese a solucionar algo. Nos llamarán rebeldes, destructivos, insolentes, ambiciosos, inconscientes y debemos de estar alegres. Debemos estar orgullosos de ser malos como Eva.

P.D: Ya que estoy aquí, me presento: Juan Pablo Cuevas y os digo que si os mola este alegato, os va a flipar “Jódete y crece” que pronto estrenamos. Fuerza para todos.

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