Dos caminos, una vida

Dos caminos, una vida

Desde que nacemos elegimos.

No, no es verdad; empiezo. Al nacer la vida nos coloca en un lugar que no elegimos. Nos da un padre, una madre, hermanos o no, unas circunstancias sociales, económicas, emocionales, un árbol genealógico……..Desde ahí, desde  ese punto,  desde  ese espacio, con todos esos ingredientes, empieza todo.

Aclarado este punto comienzo mi  reflexión, probablemente desordenada porque dudo que pueda encontrar una línea recta que me lleve a una conclusión que me deje tranquila.

Al nacer, ese entorno en el que nos encontramos al llegar, en el que crecemos,  nos empuja de una u otra manera hacia el camino de lo adecuado, lo correcto, lo inteligente, lo aconsejado, lo “normal”, lo planeado, lo que se espera, y si tenemos suerte se nos permitirá explorar  caminos adyacentes, el del cuestionamiento, la rebeldía, la disconformidad, lo inesperado, lo contrario, lo incorrecto, y si no tenemos esa suerte pero nos puede la curiosidad, o lo que sea, nos lanzamos igualmente y “qué sea lo que Dios quiera”, pero sin la aprobación que tanto buscamos.

¿Cómo de fina o de gruesa es esa línea que deberás cruzar para pasar de un camino a otro?. ¿Qué fuerza es la que te empuja a hacerlo o  que te “insinúa” en voz bajita que debes salirte del camino señalado?, y  ¿quién te lo ha señalado?, y ¿por qué debe servirte?, y ¿por qué necesitas cuestionarlo? …..añade 100 preguntas más.

Yo siempre visualicé  una meta,  creía que era  la mía , he ido cumpliendo objetivos uno tras otro para alcanzarla. Un día me paré a observar y caí en la cuenta de que la mayoría de la personas perseguimos lo mismo o parecido:  necesitamos formación, cuánto más mejor, necesitamos títulos que lo verifiquen, necesitamos un trabajo, un buen sueldo…..Una pareja, quizás unos hijos, una seguridad, una estabilidad………y por último, necesitamos conservar todo esto.  Además esto hace que cumplamos con las expectativas creadas alrededor, obtendremos la aprobación de nuestro entorno.

Y en este punto me surgen varias cuestiones, ¿dónde está la originalidad, la individualidad del ser, dónde queda la libre elección de lo que uno persigue, de lo que uno necesita?

Y esto me lleva a otras… ¿de dónde surge las necesidades del individuo, del propio individuo o es la sociedad  quien nos las marca?

“Necesitar”. Ojala supiéramos de verdad qué es lo que necesitamos,  sería el primer paso para poder complacernos a nosotros mismo sin perseguir  la complacencia del otro.

 

Las metas vienen impuestas, admitámoslo. E incluso los objetivos y los medios para alcanzarlos. La libertad del individuo es mínima y muy pocos, los “locos”, los que viven “fuera del sistema”,  se atreven a salirse.

Tu vas por tu camino bien marcado, y por tu carácter, tu educación, tu instinto, tu parte de locura,  te atreves en un  momento dado a sacar “un pié del tiesto”, y entonces sientes como “alguien” te arrea un martillazo en todo el empeine,  y ves “las estrellas” y en ocasiones  lloras, lloras de dolor.  Y te sientes culpable, y la culpa hace que busques el castigo, y el mundo te castiga, y te desestabilizas. Te desestabilizas, y esa no es la meta, ¿ te acuerdas?, la meta es la estabilidad.

Sientes miedo, miedo a equivocarte si te sales. Miedo al “martillazo”. Miedo al “fracaso”. Miedo a la culpa, al castigo que conlleva la culpa. El miedo te paraliza. Vuelves al camino. Te convences a ti mismo de que es lo correcto, que es tu responsabilidad. Y continúas caminando, cumpliendo objetivos. Objetivos que te llevan a la meta de mantener lo alcanzado, de no perderlo. Y los años pasan. Y sabes que la vida no es esto, pero te mimetizas con el entorno. Llegas a la conclusión de que los sobresaltos no son buenos y que al final solo te queda optar por lo adecuado, ¿lo adecuado para quién?. Porque si fuera lo adecuado para mí no sentiría angustia, no sentiría desasosiego, no sentiría la presión de lo externo en mi pecho, no buscaría el perdón por dudar, no me juzgaría constantemente…….No escribiría lo que aquí he escrito.

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